Hijos, atended a los
consejos de vuestros padres
prestad
atención, para que adquiráis buen juicio.
Yo os he dado una
buena instrucción,
así
que no descuidéis mis enseñanzas.
Pues yo también he
sido hijo:
mi madre me amaba con
ternura
y mi padre me instruía
de esta manera:
“Grábate en la mente
mis palabras;
haz
lo que te ordeno, y vivirás.
Adquiere sabiduría y
buen juicio;
no eches mis palabras
en olvido.
Ama
la sabiduría, no la abandones
y ella te dará su
protección.
Antes que cualquier
otra cosa,
adquiere
sabiduría y buen juicio.
¡te obsequiará con la
más bella guirnalda
Atiende a mis
palabras, hijo mío,
hazlas
tuyas y aumentarán los años de tu vida.
Yo te llevaré por el
camino de la sabiduría:
te
haré andar por el buen camino,
en el que no habrá
estorbos a tu paso,
en el que no
tropezarás aun cuando corras.
Aférrate a la
instrucción y no la descuides;
ponla
en práctica, pues es vida para ti.
No vayas tras los
pasos de los malvados;
no sigas su mala
conducta.
Evita pasar por su
camino;
apártate
de ellos y sigue adelante,
pues no están en paz
si no hacen lo malo;
pierden
el sueño si no hacen caer a alguno.
son la maldad y la
violencia!
El camino de los
justos es como la luz de un nuevo día:
va
en aumento hasta brillar en todo su esplendor.
Pero el camino de los
malvados es oscuro;
¡ni siquiera saben
contra qué tropiezan!
Atiende a mis
palabras, hijo mío;
Jamás las pierdas de
vista,
Cuida tu mente más
que nada en el mundo,
porque
es fuente de vida.
Evita el decir cosas
falsas;
Fíjate bien en dónde
pones los pies
y pisarás siempre
terreno firme.
No te desvíes de tu
camino;
evita
el andar en malos pasos.
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